Un viaje a Tailandia puede ser una oportunidad para volver a conectar con la naturaleza, lejos del ajetreo de la vida cotidiana. Se puede hacer de muchas maneras. Este mes nos alojamos en un hotel flotante de bambú en el río Kwai (pronunciado Kwae en tailandés), en el corazón de la selva tailandesa.
Cuando llegamos a la zona en barca nos recibieron con sonrisas amistosas unas jóvenes de la etnia Mon, que nos aplicaron inmediatamente una crema protectora casera en las mejillas. No sin antes dibujar unos dibujos en forma de flor. Este sencillo pero significativo gesto nos sitúa de inmediato en el ambiente acogedor y amistoso que reinará durante toda nuestra estancia.
El barco del hotel, hecho enteramente de bambú, flota apaciblemente en las tranquilas aguas del río. Es un auténtico remanso de paz que invita a sumergirse en su atmósfera de relajación y serenidad.
Aquí no hay electricidad ni conexión Wi-Fi. En su lugar, el simple hecho de poner un pie en el suelo de madera te conecta con los elementos, proporcionándonos una inmediata sensación de bienestar.
El verdadero lujo de este lugar reside en su sencillez. ¿Qué puede ser más relajante que mecerse suavemente en una hamaca, arrullado por el chapoteo del agua?
Una noche mágica en el corazón de la selva tailandesa
Al caer la noche, la magia adquiere una nueva dimensión.
El suave y danzante resplandor de las lámparas de parafina sobre los tabiques de bambú parece responder a los ritmos salvajes de la selva cercana. El quejido nasal de un mosquito molesto por el ineludible bombardeo de mosquiteras no estropea en absoluto la magia del momento.
El lujo de esta experiencia de hotel flotante de bambú en la selva tailandesa reside en la sencillez y autenticidad de los momentos que ofrece. Redescubra los placeres sencillos de la vida.
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