Japón tiene la particularidad de contar con dos estaciones de máximo esplendor: la primavera (marzo-abril), con los cerezos en flor (sakura), y el otoño (octubre-noviembre), simbolizado por el rojo intenso del momiji (arce rojo).
Sin embargo, estos fenómenos naturales, por notables que sean, no resumen por sí solos la riqueza de un viaje a Japón fuera de los caminos trillados.
En Asia My Way, sentimos cierta predilección por el verano. El periodo estival en el País del Sol Naciente ofrece todo tipo de interesantes oportunidades a nuestros viajeros.
Agradable, más tranquilo, más económico
“En primer lugar, viajar en temporada alta es mucho más complicado porque los hoteles, los servicios y los transportes se saturan rápidamente“, explica Philippe Plénacoste, director asociado de Asia My Way, responsable del desarrollo de las operaciones de la agencia en el noreste asiático.
“En verano, además de una mayor flexibilidad, los precios son mucho más atractivos“, añade.
Una de las razones por las que el verano es menos popular entre los turistas internacionales es, sin duda, la creencia común de que la temporada estival en Japón es demasiado calurosa y húmeda.
Por un lado, no son muchos los tifones que afectan directamente a las costas de las principales islas del archipiélago japonés.
En segundo lugar, el país y sus habitantes están muy bien preparados para hacer frente a estos fenómenos meteorológicos que, al fin y al cabo, han marcado la vida del archipiélago durante miles de años y han contribuido a modelar tanto la cultura local como el paisaje.
Es más, aunque no esté garantizado toparse con un tifón durante un viaje a Japón en verano, vivir uno junto a los lugareños puede ser una forma muy enriquecedora de descubrir el país.
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