Un food tour en Phnom Penh ofrece mucho más que una sucesión de degustaciones: durante una velada, un guía local conduce a los viajeros hasta pequeños restaurantes familiares, puestos callejeros y mercados que difícilmente descubrirían por su cuenta. Nuestra Travel Expert Amparo probó la experiencia para comprobar su interés y calidad.

En Phnom Penh, algunas de las experiencias gastronómicas más memorables no siempre se esconden detrás de un establecimiento famoso. También pueden encontrarse junto a una avenida, alrededor de un pequeño fogón, en un restaurante de barrio o en medio de un mercado donde los habitantes hacen sus compras, con una convivialidad muy especial, además. Pero hay que saber dónde detenerse, qué pedir y, a veces, sencillamente atreverse a sentarse.
El principio de este recorrido es sencillo: un guía recoge a los viajeros en su hotel y los acompaña en tuk-tuk de un lugar a otro durante cuatro horas y media o cinco horas. El itinerario incluye algo más de media docena de paradas gastronómicas, un paseo por los alrededores del Mercado Ruso, una cena en un restaurante camboyano con música en directo y una última parada dedicada al postre.

Descubrir una gastronomía, pero también una ciudad
La cocina camboyana no se limita al amok y al lok lak, sus dos platos más conocidos. Este recorrido permite probar tanto estos clásicos como especialidades menos conocidas, algunas de ellas asociadas al desayuno o a un simple tentempié: fideos de arroz, crepes, bocadillos, frutas, carnes a la brasa, insectos fritos y dulces de pandan.
El interés del food tour reside tanto en los platos como en los lugares donde se degustan. El guía proporciona las claves para comprender lo que se está comiendo, pero también ayuda a dar el paso de entrar en un establecimiento sin carta traducida que quizá habría pasado inadvertido. «Saboreas Camboya en lugares que probablemente nunca descubrirías por tu cuenta», resume Amparo, nuestra compañera española y Travel Expert, que vive en Camboya desde hace más de tres años.
En el tuk-tuk de Amparo
Para comprobar que la promesa se cumple, Amparo se sube a su vez al tuk-tuk. El recorrido comienza cuando empieza a caer la tarde. Antes incluso de la primera parada, un bocado de carne de vacuno seca abre el apetito; después se suceden las grandes avenidas, los parques del centro y las calles más estrechas. Unos cuantos bocados alrededor de una mesa o frente a un puesto, y la ciudad vuelve enseguida a ponerse en movimiento.

La primera parada propiamente dicha está dedicada al num banh chok, unos fideos de arroz que suelen consumirse en el desayuno y que aquí se sirven con dos salsas diferentes y un generoso surtido de hierbas frescas. Amparo ya conoce bien la cocina camboyana, pero este plato le deja una impresión especial precisamente porque permanece a la sombra de las especialidades más famosas. «Es algo típico de aquí, pero no es tan conocido como el lok lak o el amok».
El resto del recorrido se cuenta menos como una lista que como una sucesión de escenas: una cocinera inclinada sobre sus fogones, una crepe que se envuelve en una hoja de lechuga, las bandejas de un vendedor de insectos y, después, un bocadillo camboyano preparado al borde de la calle. Gestos, rostros, texturas: cada parada revela un nuevo fragmento de la ciudad.

Allí donde come Phnom Penh
Al acercarse al Mercado Ruso, ya ha caído la noche, pero los puestos siguen llenos y los pasillos animados. Los habitantes llegan en scooter, con las bolsas colgadas del vehículo; se detienen ante los puestos de carne, pescado, verduras o fruta y después se marchan con sus compras. El food tour se integra en esta actividad cotidiana sin que el mercado altere su rutina para recibirlo. Es entonces cuando la experiencia cobra todo su sentido para Amparo.
«Lo que más me sorprendió gratamente fue que los lugares eran realmente aquellos a los que van los camboyanos, la gente que vive en la ciudad», subraya Amparo. El viajero es bienvenido, pero pasa prácticamente desapercibido.

Incluso los insectos fritos, que los visitantes suelen percibir como una curiosidad o un desafío, recuperan aquí su verdadero lugar. Amparo describe a personas que los compran y van comiéndolos mientras pasean junto al río. «En España comemos pipas; aquí comen grillos», compara. Lejos de cualquier espectáculo destinado a los turistas, no dejan de ser un tentempié más.
Después de las brasas de una barbacoa y de la cena en un restaurante amenizado por músicos, el tuk-tuk se pone de nuevo en marcha. Se detiene por última vez, casi a oscuras, junto a una gran avenida por la que aún circulan coches. Bajo la luz blanca de su puesto, una vendedora prepara sus rollitos de pandan. Un último dulce degustado junto a la calzada antes de regresar al hotel.

Amparo no intenta destacar una etapa por encima de las demás. Lo que conserva ante todo, explica, es «la experiencia en su conjunto».
Probar antes de recomendar
Detrás de la aparente fluidez de este paseo gastronómico permanece una pregunta esencial: ¿puede un viajero adentrarse en estos lugares con total confianza? Incluso cuando un establecimiento resulta atractivo, la incertidumbre sobre qué pedir o sobre las condiciones en las que se prepara la comida puede bastar para echarlo atrás.

Para eso sirve precisamente la inspección previa realizada por nuestros Travel Experts. No consiste simplemente en probar algunos platos, sino en evaluar el recorrido en su conjunto, la calidad de los establecimientos y la manera en que se recibe a los viajeros. «Si un lugar no es bueno o una actividad no funciona bien, no los incluimos en nuestras propuestas. Por eso hacemos estas inspecciones. Es nuestro valor añadido».
El food tour no convierte la comida callejera en un desafío. Más bien abre puertas que el viajero probablemente no se habría atrevido a cruzar solo. Quizá no resulte fácil recordar todos los nombres de los platos; mucho más difícil será olvidar la sensación de haber compartido, durante unas horas, el Phnom Penh de quienes viven allí.
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