El elefante es un animal muy emblemático de Tailandia y su historia. Conocerlo forma parte natural de cualquier viaje para descubrir la cultura y el entorno del país.
¿Qué mejor manera de hacerlo que seguir respetuosamente al paquidermo en su rutina diaria?
Esto es lo que ofrece un santuario de elefantes del norte de Tailandia con el que colaboran Asia My Way.
Situado a poco más de una hora en coche de la ciudad de Chiang Mai, este santuario ocupa una vasta extensión de montañas, bosques y tierras de cultivo, donde ahora prosperan una quincena de paquidermos, todos ellos acogidos tras sufrir diversos contratiempos: lesiones, separación prematura, malos tratos, etc.
Como todos los mamíferos, los elefantes necesitan hacer ejercicio, mantenerse limpios, beber y comer bien todos los días para mantenerse sanos.
Con el fin de mantener su papel de refugio natural para este animal un tanto imponente, el santuario ofrece visitas de media jornada o de jornada completa en grupos reducidos.
El objetivo es acompañar a uno o varios elefantes en todo o parte de su recorrido diario. Se trata de un paseo, con pausas para comer y bañarse, en el que se invita a todos a participar activamente.
Antes de partir, el guía hace una breve introducción sobre las características del elefante asiático, sus diferencias con su primo africano y un poco sobre la historia del elefante en Tailandia. Sin olvidar las instrucciones necesarias para que el paseo transcurra lo mejor posible.
Por la mañana, los visitantes participarán en la elaboración de bolas de comida, una mezcla de hierbas, sal y otros ingredientes, que se distribuirán a lo largo del recorrido. Esta es una oportunidad para aprender un poco más sobre los hábitos alimenticios de este glotón cuadrúpedo, que tiene que comer cada día el equivalente a alrededor del 10% de su propio peso corporal.
El grupo suele estar formado por un elefante por cada dos personas. Pero no es un parque de atracciones, sino un entorno vital protegido para animales que a veces también tienen cambios de humor o no están necesariamente preparados, por una razón u otra, para salir a vagar con nuevos amigos. Por tanto, la proporción puede variar en función de la situación del momento.
Caminar al paso firme del paquidermo por bosques y arrozales es una experiencia en sí misma. Los descansos para comer permiten acercarse a este impresionante animal. Quienes estén dispuestos a pasarle unos plátanos antes de continuar podrán sentir el agarre de su áspera trompa.
Al final del recorrido, llega la hora del baño, en el que se puede participar cogiendo un cepillo para ayudar a limpiarle detrás de las orejas o simplemente rociándole con agua. También aquí aprendemos cosas nuevas sobre la higiene de los elefantes y los problemas de salud de los que se supone que les protege este ritual de baño.



